ENFRASCADOS EN UN TEMPLO

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Repitiendo vidas

Millones de cuerpos en el mismo lugar

Oliéndonos con desconfianza

Se atraviesa un suspiro pútrido

Una hora perfecta

Quisiera un poco de ese cristal

Al volar me siento inmune

Y solo vuelo dentro de la jaula

Un reflejo que no me deja ver mi ubicación

Trenzas que se repiten

Me veo desde una montaña lejana

Dejo atrás a los que me rodean

Devoro un poco del más allá

Desaparecidos por instantes

No importa cuántos son

La vitrina también es un cuento olvidado

Sentir y respirar

El olvido comienza en un hilo de mis órganos

Formas de luchar

Cuántos cristales se deforman con el tiempo

Otro día se pasa sin esperarme

El brillo me vuelve a cegar

Las redes y su capa traducen mis órdenes

El pecado se vuelve a consumar

No importan los templos y unas cápsulas

Saltamos a otros precipicios

Un suicidio dentro de mi mente

Las cadenas dependen de un conjuro

Un reloj te guía sin avisar

Una hora precisa que no se debe anticipar

Los colores brillan antes de morir

Pero ellos anuncian que esperan en silencio

Porque siempre están fuera del cristal

Hay algo que se debe fracturar

Para volver a empezar

A veces tocas el secreto

Pero vuelves a caer

Alas quemándose como un ingenuo Prometeo

Al que se le olvidan las artes del barro esencial

 

C.

FRAGMENTOS DE JUEGOS SIN LUGAR

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CON VISTA HACIA ADENTRO (PROTOVERSIÓN)

 

Vivir en un lugar distinto.

La mirada está girando.

No necesitas la satisfacción

¿Para qué un auto en millones de fotos?

Algún día…

CESARÁN los muros.

Mira ese bosque en tu

ventana.

Sal para seguirte en un pedazo de tus parques

El verano llega cuando conoces la madriguera

Llueve dentro de las paredes

La luz traspasa la horda

Mundos que nunca se habían soñado

Duerme en un grano de

arena.

 

C.

SUEÑOS DISEMINADOS

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TENGO QUE VOLVER A MORIR

 

Nunca he muerto de verdad

Soy solo una repetición en fuertes seres

Quiero que este sea un nuevo final

Mírame a los ojos

Son los últimos que tendré

No es necesario entender

Cuántas palabras tuve que tragar

No importa quien las diga… en realidad

No importa cómo lleguen… a mi vida

Es que solo han caído como tormentas

Así espero regresar a un sitio que nunca vi

Porque no estoy vivo

Porque el juego ya no debe continuar

Los dados esperan y no los he querido saludar

Aquel valle de la muerte es solo una hermosa espiral

 

Esperame desde allá

La muerte no es tu sangre seca

Es un momento que no conoces

Es la lira que viste en otro lugar

Es el reloj que nada en cada uno de tus sueños

 

Busca y busca

Ahí no está tu premio

Así es

Otra vez

No me importa

Hasta que la llaga tenga que volver a nacer

 

 

LA HAINE

 

Eres su juez

Su jurado

Y su verdugo

Eres su juez

Su jurado

Y su verdugo

Eres tu juez, tu jurado

Y tu verdugo

Eres tu juez, tu jurado

Y tu verdugo

 

Un creador sin voluntad

Un creador sin un día de vida

Lo importante está en el último escalón

No sabemos qué es lo que nos mueve

Una patada en la cara en una calle oscura

Esto vale más que todos tus títulos

Un ladrón que se esconde debajo de un puente

Él tiene más valor

Hay más calor en su ser que en todas tus mentiras

Un afán de que todos te vean

Hay una estrofa que nunca se va a borrar

Quieres follarte a todo el puto universo

En una orgía en la que también tienes vergüenza de ser tú mismo

 

Los círculos que han edificado tu nombre

Cuántas almas tienes para seguir vendiéndolas

Una puta en su esquina de toda la vida

Ella también vale más que tu deseo

Un lingote de oro frente a tu honestidad

Amarrando todas las manos

Abriendo los ojos con una amenaza

Una cantidad de líneas que solo están muertas cuando pasan por tus venas

Una excusa

Una mentira tras otra

Pero debajo de tus dientes no estás vivo

 

C.

ÍCARO AHORA ES UN PAÍS

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Nunca había pensado que la mitología griega fuera tan buena metáfora para condensar la esencia de un país inmerso en una cantidad de contrastes que a veces pueden resultar absurdos pero que realmente tienen lógicas que subyacen a raíces demasiado profundas.

Así como Dédalo le advirtió al pequeño Ícaro que no volara tan alto porque pues había un evidente sol que lo iba a quemar, así mismo pasa en Colombia cuando te das cuenta de nuestra estupidez colectiva. En un segundo podemos ser los más altivos y prepotentes remedos de seres humanos y al siguiente estamos pisoteados por esa ridiculez que solo llegamos a asimilar con un abnegado y más bien renegado “Jueputa lo sabía”.

Todo esto también es una metáfora convertida vulgarmente en una plantilla. Acomódalo como un esténcil de esos de los estériles artistas “gomelos” que se colectivizan en nuestra tierra buscando un poco de abrigo a su falta de esfuerzo y talento en medio de círculos sociales burgueses disfrazados de “callejeros”. Acomódalo a la razón por la que elegimos a un presidente que nos devuelve a un pasado oscuro y que se transforma de nuevo en esa apología del narcotráfico que se materializa en el rostro gamonal lleno de odio ignorante cuando ves hablar a nuestro adorado hipócritamente aun “presidente Uribe”, porque ni siquiera debería estar aclarando que Duque es un mal chiste convertido en la lechona más mal empacada que han sentado como un año viejo maloliente en la Casa de Nariño. Y finalmente acomódalo a esa fascinante y deliciosa cultura colombiana de querer destruir a tu prójimo antes que apoyarlo, o por lo menos dejarlo en paz.

Bueno y ya que tocamos a Uribe y esa grandiosa tierra que lo vomitó de sus entrañas –Antioquia- es muy curioso que el detonante de iluminación clarificadora bizarra que hoy se apodera de mis dedos frente a esta pantalla de computador en un sucio hostal de la Ciudad de México, donde me siento más abrigado por su gente, que en mi maravillosa tierra natal del saNgrado corazón del prostituido Jesús, haya sido una supuesta distribuidora editorial con el mismo nombre con el que decidí inspirarme en el título de este adefesio textual fugaz –qué maldita publicidad que les estoy haciendo además, porque se convirtieron en una inspiración para que un autodesterrado de su patria escriba algo por culpa de ellos-.

Bueno pues la actitud desdeñosa hacia las alternativas editoriales de los tenderos que manejan los canales de comunicación de esta supuesta distribuidora, creo que es el más claro ejemplo de lo que somos como país, de lo que nos han convertido y de lo que no queremos cambiar. Es tan simple como levantarte y en el primer minuto del día decir: “Hoy no quiero joder a los demás”, ya, es así de sencillo… pero no queremos, nuestra única motivación al salir a la calle al subirnos en el postindustrial Transmilenio o en el maquillaje de desarrollo que es el fastuoso metro de Medellín -porque lo siento por toda la gente correcta que vive en esta hermosa zona del país, pero siguen decepcionándome como sociedad- es a como dé lugar que deben demostrarle a los demás ser mejores que los de las otras zonas del país, del mundo y del universo conocido y difundido por los astrónomos más geniales, que obviamente no son nativos científicos ahorcados con un carriel –y no olvidemos que Antioquia tiene una cuenta pendiente con toda Colombia por haber sido la zona que más votó por el puto cerdo que administra nuestras vidas-.

Aunque mi error fue entender la figura de “distribuidora editorial” como una organización que se dedica no solo a vender con un desaforado y desesperado sentimiento de hambre y avaricia libros que ni siquiera saben de qué van, como una oda a nuestra constante tendencia a convertirnos en monstruos pusilánimes frente al otro, sino también a colectivizar la industria editorial independiente en una forma de apoyo a la creatividad emergente impresa, como me lo han demostrado con los brazos abiertos la mayoría de estos proyectos, en un país que te demuestra con una cachetada constante que es una industria editorial real, desde arriba hasta abajo, sin excusas elitistas disfrazadas de corrección política y ética. Y así es como empiezo a tener alucinaciones apocalípticas ingenuas de por qué nuestro país no avanza y por qué nuestra sociedad no solo cae carbonizada como nuestro héroe editorial montañero épico griego, sino como ese otro símbolo mítico del eterno retorno: Sísifo… somos un mito que se niega a aprender de sus errores… una y otra vez… una y otra vez.

C.

CUENTO DE NAVIDAD

Por Guy de Maupassant

 

Guy de Maupassant (1850-1893), Žcrivain franais.
©Bianchetti/Leemage


El doctor Bonenfantes forzaba su memoria, murmurando:

-¿Un recuerdo de Navidad?… ¿Un recuerdo de Navidad?…

Y, de pronto, exclamó:

“-Sí, tengo uno, y por cierto muy extraño. Es una historia fantástica, ¡un milagro! Sí, señoras, un milagro de Nochebuena.

“Comprendo que admire oír hablar así a un incrédulo como yo. ¡Y es indudable que presencié un milagro! Lo he visto, lo que se llama verlo, con mis propios ojos.

“¿Que si me sorprendió mucho? No; porque sin profesar creencias religiosas, creo que la fe lo puede todo, que la fe levanta las montañas. Pudiera citar muchos ejemplos, y no lo hago para no indignar a la concurrencia, por no disminuir el efecto de mi extraña historia.

“Confesaré, por lo pronto, que si lo que voy a contarles no fue bastante para convertirme, fue suficiente para emocionarme; procuraré narrar el suceso con la mayor sencillez posible, aparentando la credulidad propia de un campesino.

“Entonces era yo médico rural y habitaba en plena Normandía, en un pueblecillo que se llama Rolleville.

“Aquel invierno fue terrible. Después de continuas heladas comenzó a nevar a fines de noviembre. Amontonábanse al norte densas nubes, y caían blandamente los copos de nieve tenue y blanca.

“En una sola noche se cubrió toda la llanura.

“Las masías, aisladas, parecían dormir en sus corralones cuadrados como en un lecho, entre sábanas de ligera y tenaz espuma, y los árboles gigantescos del fondo, también revestidos, parecían cortinajes blancos.

“Ningún ruido turbaba la campiña inmóvil. Solamente los cuervos, a bandadas, describían largos festones en el cielo, buscando la subsistencia, sin encontrarla, lanzándose todos a la vez sobre los campos lívidos y picoteando la nieve.

“Sólo se oía el roce tenue y vago al caer los copos de nieve.

“Nevó continuamente durante ocho días; luego, de pronto, aclaró. La tierra se cubría con una capa blanca de cinco pies de grueso.

“Y, durante cerca de un mes, el cielo estuvo, de día, claro como un cristal azul y, por la noche, tan estrellado como si lo cubriera una escarcha luminosa. Helaba de tal modo que la sábana de nieve, compacta y fría, parecía un espejo.

“La llanura, los cercados, las hileras de olmos, todo parecía muerto de frío. Ni hombres ni animales asomaban; solamente las chimeneas de las chozas en camisa daban indicios de la vida interior, oculta, con las delgadas columnas de humo que se remontaban en el aire glacial.

“De cuando en cuando se oían crujir los árboles, como si el hielo hiciera más quebradizas las ramas, y a veces desgajábase una, cayendo como un brazo cortado a cercén.

“Las viviendas campesinas parecían mucho más alejadas unas de otras. Vivíase malamente; cada uno en su encierro. Sólo yo salía para visitar a mis pacientes más próximos, y expuesto a morir enterrado en la nieve de una hondonada.

“Comprendí al punto que un pánico terrible se cernía sobre la comarca. Semejante azote parecía sobrenatural. Algunos creyeron oír de noche silbidos agudos, voces pasajeras. Aquellas voces y aquellos silbidos los daban, sin duda, las aves migratorias que viajaban al anochecer y que huían sin cesar hacia el sur. Pero es imposible que razonen gentes desesperadas. El espanto invadía las conciencias y se aguardaban sucesos extraordinarios.

“La fragua de Vatinel hallábase a un extremo del caserío de Epívent, junto a la carretera intransitada y desaparecida. Como carecían de pan, el herrero decidió ir a buscarlo. Entretúvose algunas horas hablando con los vecinos de las seis casas que formaban el núcleo principal del caserío; recogió el pan, varias noticias, algo del temor esparcido por la comarca, y se puso en camino antes de que anocheciera.

“De pronto, bordeando un seto, creyó ver un huevo sobre la nieve, un huevo muy blanco; inclinose para cerciorarse; no cabía duda; era un huevo. ¿Cómo sé hallaba en tan apartado lugar? ¿Qué gallina salió de su corral para ponerlo allí? El herrero, absorto, no se lo explicaba, pero cogió el huevo para llevárselo a su mujer.

“-Toma este huevo que encontré en el camino.

“La mujer bajó la cabeza, recelosa:

“-¿Un huevo en el camino con el tiempo que hace? ¿No te has emborrachado?

“-No, mujer, no; te aseguro que no he bebido. Y el huevo estaba junto a un seto, caliente aún. Ahí lo tienes; me lo metí en el pecho para que no se enfriase. Cómetelo esta noche.

“Lo echaron en la cazuela donde se hacía la sopa, y el herrero comenzó a referir lo que se decía en la comarca.

“La mujer escuchaba, palideciendo.

“-Es cierto; yo también oí silbidos la pasada noche, y entraban por la chimenea.

“Sentáronse y tomaron la sopa; luego, mientras el marido untaba un pedazo de pan con manteca, la mujer cogió el huevo, examinándolo con desconfianza.

“-¿Y si tuviese algún maleficio?

“-¿Qué maleficio puede tener?

“-¡Toma! ¡Si yo supiera!

“-¡Vaya! Cómetelo y no digas bestialidades.

“La mujer abrió el huevo; era como todos, y se dispuso a tomárselo con prevención, cogiéndolo, dejándolo, volviendo a cogerlo. El hombre decía:

“-¿Qué haces? ¿No te gusta? ¿No es bueno?

“Ella, sin responder, acabó de tragárselo. Y de pronto fijó en su marido los ojos, feroces, inquietos, levantó los brazos y, convulsa de pies a cabeza, cayó al suelo, retorciéndose, dando gritos horribles.

“Toda la noche tuvo convulsiones violentas y un temblor espantoso la sacudía, la transformaba. El herrero, falto de fuerza para contenerla, tuvo que atarla.

“Y la mujer, sin reposo, vociferaba:

“-¡Se me ha metido en el cuerpo! ¡Se me ha metido en el cuerpo!

“Por la mañana me avisaron. Apliqué todos los calmantes conocidos; ninguno me dio resultado. Estaba loca.

“Y, con una increíble rapidez, a pesar del obstáculo que ofrecían a las comunicaciones las altas nieves heladas, la noticia corrió de finca en finca: ‘La mujer de la fragua tiene los diablos en el cuerpo.’

“Acudían los curiosos de todas partes; pero sin atreverse a entrar en la casa, oían desde fuera los horribles gritos, lanzados por una voz tan potente que no parecían propios de un ser humano.

“Advirtieron al cura. Era un viejo incauto. Acudió con sobrepelliz, como si se tratara de auxiliar a un moribundo, y pronunció las fórmulas del exorcismo, extendiendo las manos, rociando con el hisopo a la mujer, que se retorcía soltando espumarajos, mal sujeta por cuatro mocetones.

“Los diablos no quisieron salir.

“Y llegaba la Nochebuena, sin mejorar el tiempo.

“La víspera, por la mañana, el cura fue a visitarme:

“-Deseo -me dijo- que asista la infeliz a la misa de gallo. Tal vez Nuestro Señor Jesucristo la salve, a la hora en que nació de una mujer.

“Yo respondí:

“-Me parece bien, señor cura. Es posible que se impresione con la ceremonia, muy a propósito para conmover, y que sin otra medicina pueda salvarse.

“El viejo cura insinuó:

“-Usted es un incrédulo, doctor, y, sin embargo, confío mucho en su ayuda. ¿Quiere usted encargarse de que la lleven a la iglesia?

“Prometí hacer para servirle cuanto estuviese a mi alcance.

“De noche comenzó a repicar la campana, lanzando sus quejumbrosas vibraciones a través de la sombría llanura, sobre la superficie tersa y blanca de la nieve.

“Bultos negros llegaban agrupados lentamente, sumisos a la voz de bronce del campanario. La luna llena iluminaba con su tibia claridad todo el horizonte, haciendo más notoria la pálida desolación de los campos.

“Fui a la fragua con cuatro mocetones robustos.

“La endemoniada seguía rugiendo y aullando, sujeta con sogas a la cama. La vistieron, venciendo con dificultad su resistencia, y la llevaron.

“A pesar de hallarse ya la iglesia llena de gente y encendidas todas las luces, hacía frío; los cantores aturdían con sus voces monótonas; roncaba el serpentón; la campanilla del monaguillo advertía con su agudo tintineo a los devotos los cambios de postura.

“Detuve a la mujer y a sus cuatro portadores en la cocina de la casa parroquial, aguardando el instante oportuno. Juzgué que éste sería el que sigue a la comunión.

“Todos los campesinos, hombres y mujeres, habían comulgado pidiendo a Dios que los perdonase. Un silencio profundo invadía la iglesia, mientras el cura terminaba el misterio divino.

“Obedeciéndome, los cuatro mozos abrieron la puerta y acercáronse a la endemoniada.

“Cuando ella vio a los fieles de rodillas, las luces y el tabernáculo resplandeciente, hizo esfuerzos tan vigorosos para soltarse que a duras penas conseguimos retenerla; sus agudos clamores trocaron de pronto en dolorosa inquietud la tranquilidad y el recogimiento de la muchedumbre; algunos huyeron.

“Crispada, retorcida, con las facciones descompuestas y los ojos encendidos, apenas parecía una mujer.

“La llevaron a las gradas del presbiterio, sosteniéndola fuertemente, agazapada.

“Cuando el cura la vio allí, sujeta, se acercó cogiendo la custodia, entre cuyas irradiaciones de oro aparecía una hostia blanca, y alzando por encima de su cabeza la sagrada forma, la presentó con toda solemnidad a la vista de la endemoniada.

“La mujer seguía vociferando y aullando, con los ojos fijos en aquel objeto brillante; y el cura estaba inquieto, inmóvil, hasta el punto de parecer una estatua.

“La mujer mostrábase temerosa, fascinada, contemplando fijamente la custodia; presa de terribles angustias, vociferaba todavía; pero sus voces eran menos desgarradoras.

“Aquello duró bastante.

“Hubiérase dicho que su voluntad era impotente para separar la vista de la hostia; gemía, sollozaba; su cuerpo, abatido, perdía la rigidez, recobraba su blandura.

“La muchedumbre se había prosternado con la frente en el suelo; y la endemoniada, parpadeando, como si no pudiera resistir la presencia de Dios ni sustraerse a contemplarlo, callaba. Luego advertí que se habían cerrado sus ojos definitivamente.

“Dormía el sueño del sonámbulo, hipnotizada…, ¡no, no!, vencida por la contemplación de las fulgurantes irradiaciones de la custodia de oro; humillada por Cristo Nuestro Señor triunfante.

“Se la llevaron, inerte, y el cura volvió al altar.

“La muchedumbre, desconcertada, entonó un tedeum.

“Y la mujer del herrero durmió cuarenta y ocho horas seguidas. Al despertar, no conservaba ni la más insignificante memoria de la posesión ni del exorcismo.

“Ahí tienen, señoras, el milagro que yo presencié.

Hubo un corto silencio y, luego, añadió:

-No pude negarme a dar mi testimonio por escrito.

FIN

LA INVASIÓN DE LOS BALONES SAGRADOS

Divagaciones coyunturales acerca del matrimonio prohibido entre el fútbol y la literatura

 

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Nos dimos cuenta que esta relación nos iba a atormentar durante los siguientes años, cuando aquellas madres sentían en carne propia el terror de la incertidumbre, el horror de saber en el fondo qué había pasado. Sabíamos en qué momento nos encontrábamos, pero lo extraño era que mientras los fantasmas se apoderaban de la sociedad, de forma simultánea, como si pasáramos de un canal a otro sin discriminar por nuestros gustos, podíamos sentir la felicidad de un pueblo que no podía ocultar su pasión por el fútbol, por la llegada de la fiesta más representativa del balompié mundial, el encuentro de las naciones que merecían estar en este grupo selecto; claro está, vigilados por el ejército de Videla: ha empezado el mundial de Argentina 1978.

Entonces ya deja de ser un chiste crudo cuando Virginia Woolf afirmaba que para una mujer asistir a un partido de fútbol era como para un judío estar en un campo de concentración. Pero sin necesidad de realizar una investigación rigurosa desde los altares de las Alma Mater de las más prestigiosas cunas de la intelectualidad humana, aquellos ingenuos individuos que decidimos tomar el tortuoso camino de las sarcásticamente llamadas “Humanidades”, ya podíamos recibir ese mensaje dictatorial del pecado mortal de asumir un gusto por la “danza de los goles”, sin necesidad de que fuera una orden directa, sino simplemente con actitudes tácitas, y bueno sí, comentarios directos también, que evocan la profecía de cómo tu alma se quemaría en el infierno del analfabetismo si te atrevías a admitir que eras un fanático del fútbol, o simplemente si te atrevías a admitir que habías disfrutado de la final de la Champions League de la noche anterior.

Si fuera por estos militantes del “centrodemocraticismo intelectual” en este momento estaríamos asegurando que Albert Camus dejó de jugar fútbol porque tuvo una epifanía en la que el Señor le vaticinó que su cerebro iba a quedar convertido en queso gruyer debido a la repercusión que iba a tener cada tache de sus guayos sobre su misma cabeza como obra de su herejía. Pero la idea de este revoltijo de “ideas” vacuas acerca de este horrible producto de la cultura contemporánea tampoco es llegar al punto filosófico que hermosamente Vargas Llosa cita como parte de un compendio de “la intervención de la sinrazón, del inconsciente y la pura espontaneidad que es siempre tan inevitable como inconmensurable”.

Por ahora solo quisiera pensar en el fútbol como inspiración para dejar unas humildes letras en las que disfrutemos de la naturaleza humana expresada en un juego. Esta palabra que nos acerca a una serie de implicaciones lúdicas para la vida del ser humano; tal vez la expresión más simple, por medio de la cual podemos aprender y desarrollar prácticamente todas las habilidades que nos abarque nuestro pensamiento, pensar en una táctica mediante la cual podamos ganar, deslumbrarnos por el desarrollo de las habilidades sicomotrices más complejas que se logren materializar con una esfera cubierta de cuero, y de pronto dejarnos llevar por un segundo de diversión mientras nos olvidamos del miedo que la exacerbación de los prejuicios nos ha inoculado con el fin de sepultar nuestra capacidad de sorprendernos.

 

Bibliografía

Vargas Llosa, Mario. (1982). Una pasión llamada fútbol. Diario El País, España. (Edición anterior al partido inaugural del mundial de España 1982, el día 13 de junio).

LOGOS ET SELLO DE SANGRE

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PROFANÍA SEMEN LUPUS

Peste

De un segundo al otro

Peste

De un plano al otro

De un plano al paralelo

Sentir

Omitir conjuro y sucio

Expulsar

Púdriéndote en brote de fango

Miro mis llamas alrededor de tu vientre

Rabias acuden juzgando todas las condenas

Mal, orgullo, libre frente a frente

Ángulo atravesando el pliegue

Sentir

De nuevo

Eterno girar

Vómito engendrado

Luz blanca

Sangre del instante

Sangre para el germen

 


 

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FUEGO ERGO SACRIFICIO ESPIRITUAL

 

Ritual envuelto en la nada

Perdido, sin una coordenada

Cegar la mente

Entender lo incomprensible

La palabra se desvanece

Solo queda la nada y su reflejo

El deseo innecesario

La razón obsoleta

Culto a la máquina deseante

Cientos de siglos de otras vidas en el sarcófago de un minuto

La última vía para encontrarse en la claridad

Una semilla engendrada en los abismos de la oscuridad

Tan agradecido, tan agradecido, tan agradecido, tan agradecido

El oro que se funde en un minuto de paz

Sacrificio espiritual, ofrenda irracional.

 


 

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ASILOS MEZCLADOS

 

Despertando de nuevo

Gracias

La música es lo único que importa

La música es lo único que existe

Rebelión en forma de mujer

El orgullo de sentirse mezclados

El momento ideal para volvernos un huracán

La música fue el mismo viaje que el destino

El último día que volvió a pasar

Una excusa para envolverse en pensar…

En la lluvia me prometistes tu sangre…

 


 

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HIMNO DE LA ESPIRAL VICIADA

 

Lo imposible de narrar

Lo transparente esquiva la persistente sombra

El deseo de poseer sin necesidad de entenderte

Otra vez aparece la fugaz mira de lo esencial

Miro hacia el umbral que me postra en el vacío

Figuras solemnes ahora perdidas

Una sutil extracción de un poder natural

Rojo y negro se fundieron pensando en tu peste

Cuando es imposible algo detrás del pliegue

El verbo informe que no logra arrivar a una certeza…

La apariencia de la lengua que se escabulle a la ley de la sagrada y maldita materia

Musicar y balbucear en terrenos inundados para la sangre del nacimiento

¡tómame de la mano!

Absórbeme en mil gargantas que se desplazan en la misma vía

Escapa sin un final de olas de fuego que se consumen en la ignorancia

Juegos de hipocresía que se destruirán en pocos segundos del tiempo de los dioses

Dame 15 minutos en un nuevo universo

¡Juro que lo vi volar!… ¡Estás loco! ¿qué te pasa? todos sabemos lo que pasó, bueno o por lo menos tenemos varias versiones, pero no me vengas con esos cuentos chinos. Yo vi que se fue por esa parte del caño, no volvió a aparecer. Eran las siete de la mañana, yo estaba recogiendo los cartones que habían dejado en “la curva”. Yo lo había visto a menudo solo, a mí igual no me importa la vida de los demás. ¿Quién soy yo para juzgar a alguien? Mírame, acá estoy viviendo en una cloaca, donde todo el mundo me ve y todos me temen. A nadie le importa conocerme e igual qué más da. Ya eso ni siquiera hace parte de mi mente ¿el qué dirán? En este punto ¿crees que me importa? Igual, todos esos pecados de cada uno se los llevan pa la tumba. No es mi problema. Lo único que sé es que ese chinito está ahora más abajo que nosotros mismos. Es solo una capa del infierno al que está sociedad lo mandó, sus padres, sus vecinos, el noticiero, los que ven sin inmutar eso mientras desayunan seguros en su reino de cristal. Ahora no me vengas con esas historias que te inventas… más bien deje de echar gale… ahg tampoco me importa. Ya estamos muertos de igual forma… ¡Eres un imbécil! ¡Tú decides si estás muerto! Yo sé lo que vi… Y estoy completamente seguro que vi cómo levitaba por encima de esa alcantarilla y voló, voló, siguió volando… volteó mientras yo le gritaba… me sonrío tranquilo… y después desapareció entre las nubes.

CRUCIFIXIÓN

 

crucifixion

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Libérame del peso de mis actos,

muéstrame la cara de tus verdades,

despliega la sangre de tus pecados,

el peso del mundo sobre mis hombros,

soy hombre de nuevo,

limpio,

impío,

soy yo,

de nuevo el mismo yo,

no te veo, pero creo,

me repito en miles de almas que se disuelven en una baba,

se vierten en la baba del diablo…

la baba de dios,

Dios me hizo perfecto,

Dios ¿por qué me dejaste solo?

Tengo miedo,

soy la muerte, tu  hijo, tu sol,

el perdido que no conoce su camino,

el que adora la luz del poder y la ignorancia,

¡déjame seguir!

pronto un solo clavo me despertará…

es mentira, todo sigue igual…

 

 

¿Cuál es la maricada con Lou Reed?

Bueno sí, ¿cuál es la maricada con Lou Reed?

No sé si investigamos un poco en la historia del rock, la historia de la música y la historia del mismo Lou Reed, nos tenemos que dar cuenta que su muerte no es algo tampoco tan sorpresivo.

Me parece a veces cargado de un amarillismo exagerado tratar de vender historias personales a partir de este hecho. Un poco de prostitución de la muerte con el fin de hacernos más relevantes y que los demás vean que sabemos de música.

Claro, y es de esperarse… sí, efectivamente Lou Reed es de esos músicos que muchos conocen pero pocos escuchan, ¡que la gente tenga que saber que yo conozco del morraco!

Pero volviendo al tema de su muerte, hay declaraciones de personajes importantes y cercanos, en esa escena invadida de excesos desmedidos, que tanto disfrutó Lou Reed que hablan abiertamente acerca de lo increíble que era el hecho de que Lou siguiera vivo, después de todas las crisis constantes en medio del desgaste brutal que genera la heroína en el ser humano, bueno tal vez él no era un ser humano, sino un “Animal”Animal del Rock n' Roll. Esto se vio a lo largo de su vida y evidentemente Lou era alguien que debía vivir así, gracias a los excesos, eso lo demuestra el increíble dato de que haya muerto hasta sus 71 años. Cuántas personas anhelando el elíxir de la vida tomando todos los cuidados aceptados y correctos, tristemente ni siquiera llegan a los 60 por un “vientico”.

Y acá la idea no es denigrar la imagen de un un artista totalmente trascendental para la historia de la música moderna, sino realmente tratar de dejar de lado todos esos vicios que pues generan ideas extrañas, malsanas acerca de una persona, de un ser humano que siempre fue coherente con su misma vida, sin doble moral. Qué extraño se ve que alguien que se caracterizó por su honestidad a lo largo de su vida se vea retratado en un espejo falso mediático lleno de poses y oportunismo.